jueves, agosto 25, 2011

Capítulo 1: La profecía

En los albores de la Nueva Era, Artemisa, una misteriosa mujer que tenía, al parecer, grandes poderes predictivos, efectuó una profecía.
Quienes tuvieron acceso a ella, espantados, procuraron evitar a toda costa su divulgación, con notable éxito, pues no volvió a escucharse hablar al respecto en las centurias posteriores.
Algunos investigadores más tozudos, sin embargo, encontraron vestigios de su paradero, y uno de ellos, Basilacco de Floriet, se dice, logró dar con ella, reproduciéndola en un libro de circulación restringida poco antes de su sospechosa desaparición.
No existe certeza de cuál es el tenor original del sibilino vaticinio, pero lo concreto es que en la página 144 de un deteriorado volumen que, según quienes lo resguardan como si fuese un tesoro, sería la única copia existente del manuscrito de Basilacco, se reproduce en idioma omburano antiguo el siguiente:

Tened paciencia y albergad vuestro temor y vuestra esperanza en lo más profundo de vuestros corazones, para que vuelvan a aflorar con fuerza cuando sea la hora señalada.
Porque un día llegará en que aquellos mortales enemigos a los que habéis sepultado en los abismos más profundos, regresarán juntos en alas de sus odios y ambiciones a exigir lo que les fue arrebatado.
Entonces, en los primeros albores del nuevo mañana, vendrá la elegida, la impura, y ante quienes deberían estar muertos pero viven, y aliada con el dolor más intenso, con el amor más puro, con el ansia más irrefrenable de venganza y con la roja sangre que corre por las venas del más poderoso monarca, despertará a aquél que duerme en el lugar maldito, para enfrentarlo cuando llegue el día del final.”


Como ocurre en tantas ocasiones, la supuesta profecía puede ser pura basura. Sin embargo, ¿qué ocurre si no lo es? En cualquier caso, aquí queda, a disposición de quien sepa qué hacer con ella.

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