sábado, julio 27, 2013

Capítulo 3: Ombur

La primera parte de nuestra historia se desarrolla en Ombur. Pero... ¿qué es exactamente Ombur? Procuraremos explicarlo brevemente.
Recibe este nombre (como ya explicamos antes, de origen difuso) un gran país ubicado en la parte centro oriente del Oram. Es mediterráneo ―está completamente rodeado por cuatro imponentes cadenas montañosas― y una enorme meseta llamada Donk, de más de mil quinientos metros de altura, ocupa casi completa su mitad oriental dando origen a dos territorios muy disímiles. Los omburanos, en una notable muestra de creatividad e imaginación, han denominado a éstos, respectivamente, Tierras Altas, aquéllos que, por cierto, están sobre la meseta, y Tierras Bajas, los situados, como es lógico, al pie de ésta.
No hablaremos aquí de la topografía del país ni de su geografía. Tampoco de su clima, ni de su flora ni de su fauna. A quien desee interiorizarse acerca de estos aspectos físicos, importantes por cierto, le sugiero remitirse a la profusa obra del connotado geógrafo y naturalista omburano Bolomiris de Aquosa, fallecido hace ya muchos años a causa de un agravamiento sin precedentes de una uña encarnada. Este insigne personaje escribió numerosos tratados, todos extensos, muy completos y de lectura obligatoria en las academias de estudios del país, acerca de la geografía omburana, su clima, flora y fauna. Entre ellos recomiendo “Ombur, una loca geografía” y “Ombur, toda su flora y fauna de una sola vez”.
¿Y quienes habitan Ombur? Preferentemente humanos, aunque también hay elfos, enanos, targos y meiks, y por las serranías y por los espesos bosques pululan orcos y silfos. Dicen además por ahí que en dichos bosques, y en especial en el Bosque Antiguo, situado en el valle de Leide ―el mismo donde se encuentra Moine―, habita una abundante cáfila de semihumanos: hadas, duendes, gnomos, ogros y otros especímenes de similar naturaleza y condición. Con seguridad creencias bárbaras originadas en gente inculta e impresionable. De todas maneras, nadie en su sano juicio se atreve a entrar solo al Bosque Antiguo, menos aún después de la caída del sol.
Ahora, a quien desee interiorizarse más respecto de alguna de las especies mencionadas, de sus costumbres y características principales, le aconsejo consultar el monumental tratado del experto etnólogo Bolomiris de Aquosa (¡sí! el mismo de la geografía, el clima, la flora y la fauna), titulado “Ombur: todas sus especies homínidas de una sola vez”.
Finalmente es preciso consignar que en Ombur existen tres reinos humanos, todos emplazados en las Tierras Altas: Ombur, el principal y más grande, Kados y Ancinet. Estos dos últimos son reinos rebeldes originados por escisiones del primero y viven en permanente conflicto con éste.
Al lector interesado en incursionar con mayor profundidad en sus características, en el tipo de sociedad que está presente en ellos y en su historia, le sugiero referirse a los detallados apuntes que el connotado historiador Panabsípiles de Solance (de quien se sospecha que sería el mismísimo Bolomiris de Aquosa oculto bajo un seudónimo) publicara bajo los títulos de “Historia de la monarquía omburana” y “La sociedad omburana: todo lo que usted siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar”.
A la fecha de nuestro relato ―año 1087 de la Nueva Era[1] según el calendario Diomesiano, así llamado en honor a Diomesio II el Generoso, rey de Ombur que lo instauró allá por el año 245 de su misma cronología― corren tiempos intranquilos en Ombur. Aunque hay paz, o al menos no hay hostilidades manifiestas, entre el reino y sus dos vecinos rebeldes, y existe un activo comercio, tanto con los dos reinos limítrofes ―con Targoth por el norte y, en especial, con Pek Basila por el sur― como con los poblados elfos y enanos, los silfos y los orcos, cuyas poblaciones han crecido considerablemente durante los últimos años, se muestran cada vez más atrevidos y agresivos. Incluso se sabe de avistamientos, bastante raros no obstante, de trolls y de otras bestias extrañas, lo cual, unido a la aparición de algunas bandas de salteadores y facinerosos, ha tornado inseguros los caminos, obligando a los viajeros a efectuar sus viajes en caravanas numerosas y muy bien armadas y protegidas. El ambiente en las ciudades, no obstante, está relativamente calmado e incluso no se han producido grandes alarmas sanitarias en los últimos cuarenta años.
Ése es Ombur, estimado lector. Sea usted bienvenido y ojalá disfrute su estadía.




[1] Es curioso, pero a pesar del uso generalizado de este nombre, Nueva Era, se desconoce su origen, ya que no se cuenta con antecedente alguno de las épocas que la precedieron. De hecho, no existe registro de “Antigua Era” alguna en ninguno de los numerosos, y aparentemente completos, textos que narran la historia del país.

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